

El sábado por la mañana estaba haciendo la compra y sin tener ni idea de lo que se le venía encima. El sábado a las 12 de la noche estaba entrando en el quirófano para extirparle un tumor en el colon. La operación duró seis horas. Tiene sólo 52 años y lleva una vida tranquila y sanísima.
El lunes próximo un compañero de trabajo será operado de la cadera. Con tal motivo, nos hemos puesto de acuerdo ocho (él incluído) para, al salir del instituto, ir a comernos una magnífica berza de tagarninas, con su incomparable “pringá”. Por si no fuera bastante, primero unas entradas de boquerones fritos, calamares y gambas con bechamel rebozadas.
Por supuesto, también celebraremos su recuperación.

Desde anoche, otra vez no para de llover. Esta es mi calle, en pleno centro, un sábado a mediodía.
Hoy ha salido de la Base de Rota el Castilla para Haití. Además de todo lo que lleva (ver los periódicos), a toda prisa, en sólo dos días, hemos reunido una cantidad enorme de paquetes de pañales, leche en polvo para bebés, cereales para papillas y otros alimentos. Todo eso lo han traído mis alumnos en dos días, bolsita a bolsita.
La mañana de ayer fue la locura. Casi no dimos clase. Todos separando las cosas por tipos, embalando en cajas de cartón, precintando, rotulando el contenido, y llevándolo a la Base hasta en coches particulares.
Hemos llenado el barco hasta el último rinconcito que estaba libre. Incluso se han tenido que quedar fuera algunas mantas porque ya no cabía más.
Esta vez, se han portado.